La cara oculta del rock: Kiss, un beso entre el Demonio y Hitler – verdad o mentira

Dicen que son adoradores de Satán dispuestos a trabajar a su servicio, otros afirman que son seguidores Hitler y simpatizantes del nazismo. El grupo más maquillado de la historia del rock escondió en su nombre y en su logo sus posturas religiosas e ideológicas. Héctor Sánchez desenreda la madeja.

Kiss supone a la historia del rock lo que “La guerra de las galaxias” [George Lucas, 1977] supone a la industria cinematográfica. Una poderosa y fructífera maquinaria de generar merchandising. Una gallina de los huevos de oro que ha lanzado al mercado los productos más rocambolescos relacionados con la banda. Desde las típicas figuras de acción y cómics hasta fiambreras, botellas de vino, baberos para bebés y ropa para mascotas, pasando por los condones con el rostro y la lengua de Gene Simmons. Y cómo olvidar el indispensable ataúd de Kiss. Todo para el hogar.

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Este despliegue de productos convierte a la banda, más que en un grupo de rock, en una marca comercial. Pero hubo un tiempo en que esta marca y su logo fueron acusados de seguir a los líderes espirituales y políticos más polémicos, y se les consideró una amenaza destinada a corromper los maleables cerebros de los adolescentes.

En marzo de 1976, un grupo de puritanos manifestantes de Harrisburg, Pensilvania, se aglomeró a las puertas del recinto donde el grupo estaba ofreciendo un concierto. Los manifestantes estaban indignados ya que habían encontrado el auténtico significado del nombre de Kiss. Como el grupo neoyorkino escribía su nombre en mayúsculas (KISS), los puritanos dedujeron que estaba formado por siglas y que el nombre era, en realidad, un acrónimo de “Knights In Satan’s Service”, es decir, “Caballeros al Servicio de Satán”. Otras posibles variaciones de la primera K son “Kings” (“Reyes”) o “Kids” (“Chicos”), pero lo importante es el servicio ofrecido al Príncipe de las Tinieblas.

La relación entre Kiss y el Diablo saltaba a la vista. Bastaba con echar un vistazo a la pinta de Gene Simmons, a caballo entre un demonio, un murciélago y un personaje de cómic. Una bestia capaz de vomitar sangre o escupir fuego por la boca. Sin olvidar una lengua kilométrica que merece su propia leyenda urbana.

Por si fuera poco, el bajista de Kiss no hacía más que “invocar” a Satanás con un solo gesto de su mano al alzarla dejando extendidos los dedos meñique, índice y pulgar; este acto sólo podía significar una llamada al maligno. No obstante, el origen de estos cuernos es mucho más sencillo. La primera vez que Gene Simmons realizó este gesto, pretendía saludar al público. Pero como tenía la púa en la mano y no quería perderla, levantó el brazo y la agarró con sus dedos corazón y anular, mientras dejó los otros estirados. Además, como el Doctor Extraño de los cómics de la Marvel también realizaba este gesto, el bajista quedó encantado y decidió incorporarlo a su espectáculo como método para animar al público.

Por si fuera poco, Kiss no solo fueron catalogados de satánicos por su nombre, sino que también fueron acusados de ser nazis por su logotipo. Las dos S del final del logo tenían una forma que recordaba sospechosamente a la insignia empleada por las SS de Adolf Hitler, comandadas por Heinrich Himmler. Con estas etiquetas, no resultaba tan descabellado que los protectores padres quisieran mantener alejados a sus hijos de estos malvados Caballeros al Servicio de Satán y de Hitler. ¿Pero qué tienen de satánicos y de nazis Kiss?

La relación entre la banda y Satanás tiene su origen en una entrevista que Gene Simmons concedió a la revista “Circus” después de la publicación de su primer álbum, “Kiss” (1974). En una de las respuestas, Simmons comentó que en ocasiones se preguntaba cómo sabría la carne humana. Así lo recuerda el bajista: “No quería saberlo en realidad, pero tenía curiosidad intelectual. Ese comentario pareció disparar la idea de que Kiss estábamos alienados con el culto al Diablo”. Así que cuando le preguntaron si adoraba al Diablo, el astuto de Simmons guardó silencio: “Me negué a contestar por varias razones. La primera razón, por supuesto, es que era buena publicidad. La otra razón era mi completo desprecio por la gente que estaba haciendo la pregunta”. Además, el hombre de la lengua infinita también tenía respuestas para aquellos que le acusaron de satánico: “A lo largo de los años, cada vez que los fanáticos religiosos me han acosado y me han citado el Antiguo Testamento, yo les respondía citándoles el capítulo y el versículo. No sabían que me gradué en teología en la escuela. Un idiota es un idiota… Tanto si cita la Biblia como si no”.

Ni caballeros ni servicio ni Satán. Una de las primeras bandas del batería, Peter Criss, se llamaba Lips (Labios) y el nombre de Kiss (Beso) fue una sugerencia de Paul Stanley; de los labios al beso solo había un paso. Una vez que la banda estaba bautizada, el guitarrista Ace Frehley se encargó del diseño del archiconocido logotipo.

El nombre estaba escrito en mayúsculas para que resaltara más, no porque fueran siglas. Y por supuesto que las dos S del logotipo podían ser una variación del símbolo de las SS, pero lo que pretendía dibujar Frehley eran dos rayos. Como el parecido era evidente, esta coincidencia se convirtió en algo provocador. Un dato curioso: en los discos y pósters publicados en Alemania, el grupo utilizó un logotipo diferente en el que sustituyeron las S por Z invertidas. Esto se debe a que en el país germano está prohibido cualquier símbolo relacionado con la ideología nazi.

Decir que Kiss eran nazis no solo son palabras mayores. Son tonterías. ¿Cómo podían ser nazis si tanto Simmons como Stanley son judíos? Lo mismo sucede con el tema del culto al Diablo. Todas las especulaciones entre el satanismo y la banda de Nueva York fueron una buena y eficiente estrategia comercial para seguir vendiendo su marca y sus productos. La única relación que existe entre Kiss y Satanás son las pinturas de guerra que acostumbra a lucir el demoníaco Gene Simmons. Al final, los caballeros estaban al servicio, pero no de Satán, sino de la publicidad.

FUENTE: HÉCTOR SÁNCHEZ.